un fenómeno psicofisiológico (normalmente) bajo control

Nadie, por desgracia, escapa a la fatiga. Con buena salud o afectado por una patología crónica, persona sencilla o deportista de alto nivel, tras una intensa jornada de trabajo, todos nos enfrentamos a esta sensación de no disponer ya de los recursos suficientes para seguir trabajando, pensando, practicando deporte…

Esta sensación de fatiga, sin embargo, puede ser algo bueno. En respuesta al esfuerzo físico, cuando es temporal y reversible, contribuye a la progresión de nuestro rendimiento. ¡Es entonces una situación normal, que se refiere al famoso “Sin dolor, no hay ganancia”!

Pero sus síntomas también pueden ser otras tantas pistas de la presencia de cansancio acumulado que, esta vez, puede tener consecuencias negativas duraderas. Es entonces una señal que nos alerta de un riesgo de “sobrecalentamiento” y se traduce en una alteración de la actividad de una parte de nuestro cerebro importante en la toma de decisiones: la corteza prefrontal lateral.

Entonces nuestra capacidad de atención puede verse disminuida, pueden tomarse malas decisiones, nuestra ansiedad puede intensificarse, nuestra motivación puede disminuir, al igual que nuestra memoria de trabajo… El punto importante es, por lo tanto, la evaluación del nivel de fatiga: ¿cómo hacerlo? ¿Cómo lo afronta nuestro cuerpo? Y sobre todo… ¿de qué estamos hablando?

Una evaluación compleja

Si hablar de fatiga es común, lograr medirla sigue siendo complejo debido a los múltiples indicadores (objetivos y subjetivos) que la caracterizan.

diferente existen métodos que se complementan entre sí para intentar cuantificarlo :

  • Evaluaciones subjetivas (cuestionarios, escalas analógicas visuales),

  • Medidas de comportamiento (por ejemplo, tasa de respuesta correcta, tiempo de reacción, velocidad o potencia mecánica, determinantes de la fuerza muscular),

  • Mediciones psicofisiológicas (actividad cardíaca, respuesta electrodérmica, dilatación pupilar como testigos de respuestas del sistema nervioso autónomo),

  • Medidas neurofisiológicas (actividad cerebral a través de del métodos combinados de neuroimagen, actividad neuromuscular a través de sus componentes centrales y periféricos).

Pero eso no es todo: porque hay cansancio… ¡y cansancio!

De hecho, hoy se establece que hay varias fatigas. La pandemia de Covid-19, por ejemplo, lo reveló como un síntoma persistente para los pacientestambién se ha impuesto entre los cuidadores por su sobrecarga de trabajo o entre las personas que trabajan desde casa pegadas frente a las pantallas.

Para hacer frente a estas formas de fatiga, es necesario identificar cuál(es) considerar… Pero sus posibles orígenes, numerosos y multifactoriales, no lo ponen más fácil. Además, dependiendo de si uno se dirige a un tipo de experto u otro, ¡la definición adoptada para el fenómeno puede variar! Tanto es así que, un poco como en la fábula del elefante y los ciegos, coexisten un sinfín de representaciones diferentes de la “fatiga”.

Concretamente, ¿qué es la “fatiga”?

En pocas palabras, la fatiga se puede definir como una sensación de deterioro físico o cognitivo que puede ocurrir tras esfuerzos musculares (en el caso de actividad física y/o deportiva) o cognitivos (durante el trabajo intelectual o mental), resultando en dificultad para continuar con el esfuerzo.

Esta definición destaca dos tipos de fatiga que uno podría pensar como independientes, física y mental, mencionado ya en 1891 en la obra del médico italiano Angelo Mosso.

  • Según la taxonomía propuesta por Roger Enoka (Universidad de Colorado Boulder) y Jacques Duchateau (Universidad Libre de Bruselas), la fatiga física (muscular) se manifiesta durante el ejercicio físico provocando un aumento de la percepción de esfuerzo para una potencia o fuerza de un determinado nivel (fatiga subjetiva) y/o una disminución de la fuerza voluntaria máxima tras el ejercicio (fatigabilidad neuromuscular funcional).

  • los fatiga mental (cognitiva) se refiere a “un estado psicobiológico experimentado […] después de realizar una tarea cognitiva intensa y/o prolongada, que se caracteriza por una sensación de agotamiento y falta de energía”.

Fenómeno agudo, ambos se consideran “normales” y desaparecen por sí solos tras la recuperación. En este contexto, el sueño es, como era de esperar, una fase esencial de la recuperación tanto física como mental.

Sin embargo, el cansancio físico no es solo muscular y el cansancio mental no es solo psicológico…

De hecho, la fatiga física y mental interactúan más de lo que pensamos. A medida que se prolonga una tarea mental o física, aparece la fatiga y se traduce en adaptaciones en la actividad de nuestro cerebro. Observamos en particular que la corteza prefrontal (“torre de control” particularmente involucrada en nuestras emociones y trastornos del estado de ánimo, nuestra memoria de trabajo, nuestra toma de decisiones, nuestras motivaciones y nuestra concentración) modulará su actividad.

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La fatiga física y su control

Para mantener un esfuerzo físico, andando, montando en bicicleta o nadando, debemos hacer frente a la insidiosa aparición de fatiga en nuestros músculos. Si solo escucháramos a nuestro cuerpo y nos detuviéramos en los primeros tirones, no llegaríamos muy lejos…

La fatigabilidad neuromuscular funcional es un fenómeno complejo que surge de muchos mecanismos ubicados en diferentes niveles de las vías motoras, desde la corteza motora hasta las fibras musculares. Proviene tanto de factores periféricos, que alteran la capacidad del músculo para producir fuerza, como de factores centrales, que influyen en la capacidad del sistema nervioso central para activar el músculo.

Estos dos tipos de factores interactúan, a través de circuitos neuronales, para adaptar las contracciones musculares al nivel de esfuerzo a realizar. Se han propuesto varios modelos de este diálogo, como el llamado gobernador central” (el cerebro maneja) o el rubor” (acumulación de fatiga).

A esto se suman factores psicológicos (modelo psicobiológico). Algunos son, de hecho, también capaces de regular la velocidad a la que uno se mueve, de retrasar o acelerar el cese voluntario del esfuerzo físico.

Nuestro cerebro debe integrar todos estos diferentes factores, de acuerdo con un procesamiento complejo que involucra a varias de sus regiones incluyendo los relacionados con el control cognitivo. El resultado es una estimación de nuestro nivel real de fatiga y la relación óptima entre los costes fisiológicos inevitables y los beneficios esperados del esfuerzo… O cómo estar cansado, pero no demasiado según este buen estratega.

Cuando el juego vale la pena, debemos ser capaces de superarnos a nosotros mismos. Para tolerar las señales desagradables enviadas en particular por nuestros músculos (dolor, etc.), dependemos de diversas informaciones neurocognitivas bajo el control de la corteza prefrontal – Él de nuevo. Es capaz de inhibir otras estructuras cerebrales como la corteza cingulada anterior (implicada en la regulación de la toma de decisiones, la empatía…), la amígdala (respuesta al miedo…) y la ínsula (la conciencia, las emociones, etc.).

El espíritu, por así decirlo, en limitando nuestra sensibilidad a la respuesta afectiva al esfuerzo dolorosodomina la materia y la fatiga…

La bioquímica de la fatiga mental

Así como un músculo muy estresado se agota, un esfuerzo intelectual intenso y prolongado genera fatiga mental. La actividad de la corteza prefrontal disminuirá entonces, en detrimento de nuestra capacidad para tomar buenas decisiones.

Más impulsivos en nuestras decisiones, elegimos beneficios a corto plazo en lugar de aquellos que son más importantes a mediano plazo. Lejos de ser anecdótica, esta pérdida de control puede tener graves consecuencias a nivel médico, aeronáutico, etc.

Podemos pensar que cuanto más avanza el día, más fatiga se instala, de modo que cada vez nos sentimos menos capaces de tomar decisiones importantes y cometemos errores.

Recientes observaciones experimentales han demostrado que Los cambios metabólicos en el cerebro pueden estar detrás de los efectos de la fatiga mental. De hecho, un esfuerzo mental sustancial provoca la acumulación de un subproducto de la actividad de las neuronas, el glutamato. Si este último es uno de los neurotransmisores excitatorios más importantes (señal química entre las células nerviosas) del sistema nervioso, puede volverse dañino en cantidades demasiado grandes.

Su acumulación en determinadas zonas del córtex prefrontal altera el funcionamiento de esta región clave: lo que al mismo tiempo perturba el razonamiento y la toma de decisiones, de manera que tomamos decisiones más impulsivas que estratégicas, sin que ello se deba directamente a la fatiga. subjetivo.

Tenga en cuenta también que cantidades masivas de glutamato están involucradas en elinicio de la migraña y una amplia gama de enfermedades neurológicas.

Y el glutamato probablemente no sea la única molécula involucrada en la fatiga mental, que no se puede disociar de los factores neurometabólicos.

Aprende a cansarte sin agotar tus recursos

El cansancio físico y mental es por tanto omnipresente, y nuestro organismo dispone de los mecanismos para evaluarlo y advertirnos, a través de nuestro cerebro, desde el momento en que ocurre el exceso de trabajo…

Casi todos estamos sobrecargados de trabajo, inevitablemente, en algún momento. Basta que todo se acumule, profesional y/o personalmente, para que se establezca la hiperactividad… Lo que hay que evitar es que se vuelva permanente, un estado deletéreo para el organismo.

De ahí la importancia de estar atentos a los signos de fatiga y a los primeros síntomas de no recuperación para frenar antes del burnout… Un síndrome que también puede ser causado por una entrenamiento físico excesivo – o sobreentrenamiento.

Además del cansancio físico que se ha vuelto crónico, el el atleta ya no puede alcanzar su nivel habitual de rendimiento, incluso si se toma un descanso. Sus sistemas de alerta ante la fatiga están fuera de servicio y los exámenes revelarán alteraciones fisiológicas y biológicas: modificación del funcionamiento del sistema cardiovascular, secreciones hormonales, etc. Psicológicamente, también estará más irritable, deprimido, apático. Aquí nuevamente, su capacidad para tomar (buenas) decisiones se verá alterada, debido a la actividad reducida de su corteza prefrontal lateral.

Queda por explicar en qué medida, proporciones y duraciones una sobrecarga de entrenamiento físico induce una disfunción del sistema de control cognitivo…

Conocimientos que ayudarán a desarrollar métodos para prevenir la aparición de burnout en deportistas, y todos aquellos afectados por este síndrome incapacitante.

La versión original de este artículo fue été publicado en La conversaciónun sitio de noticias à dédié para el intercambio de ideas entre expertos académicos y el público en general.

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